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Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco

Museo de Bellas Artes. Bilbao. Hasta el 28 de abril de 2019
[Javier Rubio Nomblot. ABC Cultural, 29 de diciembre de 2018]

CINCUENTA AÑOS DE ARTE VASCO

Estamos de aniversario… Tal vez no estuviera muy afortunado Umberto Eco cuando escribió aquello de que «Mayo del 68 fue el último gran simulacro de revolución». Es tanto como decir que una conmoción cultural –y no militar o económica– permanece por siempre en la esfera de lo simulado, de lo inmaterial y ficticio. El año 1968 es «patrimonio inmaterial» porque concita a los mejores filósofos, intelectuales y artistas de la última generación verdaderamente brillante y creativa que ha dado la humanidad, pero no existe hoy ningún artefacto –material–, ni en la cultura de masas ni en la alta cultura que no dependa de los hallazgos revolucionarios de aquellos años, que no sea su simulacro.

Del 68 y su herencia en Euskadi parten esta ambiciosa exposición comisariada por el equipo del museo y su monumental catálogo, que ofrecen la visión mejor actualizada del arte contemporáneo vasco: cuatro ensayos, correspondientes a las cuatro décadas objeto de estudio, análisis de todos los documentos expuestos, una espléndida cronología de más de 200 páginas realizada por Mikel Onandía, una bibliografía esencial y la reproducción de todas las obras, la mayoría pertenecientes al museo y muchas otras, emblemáticas, procedentes de colecciones como las del Reina Sofía, el Guggenheim, La Caixa o el MACBA.

COMO DEMOSTRÓ A. M. GUASCH en Arte e ideología en el País Vasco (1940-1980), el universo cultural vasco es el más complejo que existe (de hecho, su libro está cuajado de referencias a ETA que apenas se dan en el catálogo) y la exposición, que reúne unas 150 obras de cien artistas y abundante material bibliográfico, trata de construir un relato puramente visual, a base de piezas emblemáticas de autores clave. Hay continuos homenajes a Oteiza y Chillida, pero el relato se inicia con el realismo social de Darío Villalba y las propuestas rupturistas de Esther Ferrer, que se enfrentan al Informalismo entonces en boga de Ruiz Balerdi, Sistiaga o Bonifacio. En los 70, se propone un retorno de la figuración y la narración (Baquedano, Nagel…); en los 80, la irrupción de las corrientes internacionales y el nacimiento de la nueva escultura vasca (Badiola); en los 90, el desarrollo de la red institucional y el arte posconceptual, posminimalista o feminista de Prego, Aláez, Dora Salazar, Gaüeca… En la primera década del milenio, la apertura de Artium y el trabajo de la generación de los 80… Y en la última sala, artistas jóvenes como Elena Aitzcoa o Raúl Domínguez.