Prensa

Artistas

Series

Ofertas

Catálogos

Precios

Comprar

Información

Prensa

Dominique González-Foerster y Tomás Saraceno. Más-que-humanas

Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. Hasta el 1 de diciembre de 2019
[Carlos Delgado Mayordomo. ABC Cultural, 28 de septiembre de 2019]

LAS REDES QUE TEJE LA TB21 DESDE EL MUSEO THYSSEN

Francesca Thyssen-Bornemisza es una coleccionista con un sello particular: no solo compra el arte de su tiempo, también realiza encargos directos a artistas, dialoga con ellos durante el proceso creativo y se posiciona como agente activo en la producción de las obras. En 2002 creó en Viena la fundación TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, que atesora más de 700 obras de unos 200 creadores. Además, la hija del barón Thyssen ha dirigido su colección hacia autores que afrontan investigaciones relativas al medioambiente o la sostenibilidad. En definitiva, ha realizado un notable esfuerzo por otorgar a su colección un carácter diferencial y comprometido con problemáticas urgentes.

FOTOS: ERNESTO AGUDO
Detalle de «Ópera (QM.15), de GonzalezFoerster
El Museo Thyssen colabora con TBA21 desde hace años, si bien los notorios desencuentros y públicas rivalidades entre Francesca y Tita Cervera han ralentizado la posibilidad de una alianza firme y continuada. La apertura de una sede en Madrid para TBA21, así como el fichaje de Carlos Urroz (ex director de ARCO) para llevar la dirección de la fundación han sido dos factores clave en la aceleración de este proceso. Así, se ha consolidado un acuerdo de cuatro años que compromete al museo a exponer dos muestras por temporada, siempre llevadas a cabo con piezas procedentes de la TBA21. El punto de arranque de esta colaboración, que parece abrir definitivamente al museo Thyssen hacia el arte actual, es Más-que-humanas: un diálogo entre Dominique Gonzalez-Foerster (Estrasburgo, 1965) y Tomás Saraceno (Tucumán, 1973).

El fantasma de Callas

La experiencia humana oscila entre lo que se percibe a través de los sentidos y lo que puede ser pensado sin una referencia tangible. Esta exposición ahonda en el límite que separa ambas posibilidades: Gonzalez-Foerster recupera virtualmente la presencia y la voz de la cantante Maria Callas, fallecida en 1977; por su parte, Saraceno rescata, redimensiona y exhibe las complejas estructuras que conforman las telas de araña. Pero, ¿qué vínculos existen entre ambas propuestas? ¿Cuál es el sentido que justifica este diálogo?

El texto de la comisaria Stefanie Hessler, directora del Kunsthall Trondheim de Noruega, relata que unos científicos descubrieron hace poco que las arañas saltadoras podían detectar la voz humana por medio de la vibración de los pelos de sus patas; también, que los patrones de sus telas y las figuras matemáticas de la música comparten una estructura similar, así como una alta sensualidad… No es necesario tirar más de la cuerda que anuda el discurso curatorial porque, sin duda, se deshilacharía en nuestras manos. Pero más allá de este marco interpretativo de conjunto, los trabajos de ambos artistas son magníficos en su despliegue técnico y alcance conceptual, y les vincula una poderosa dimensión sensorial.

Gonzalez-Foerster abre el recorrido con ÓPERA (QM.15), una ilusión holográfica donde la propia artista aparece caracterizada como Maria Callas. Ataviada con el vestido rojo de sus últimas apariciones, sincroniza el movimiento de sus labios con algunas de las primeras grabaciones de la cantante. El resultado posee la fascinación de un gran truco de magia, donde la presencia de la artista-diva alcanza una dimensión fantasmagórica. Las implicaciones conceptuales de la pieza plantean diversos niveles de lectura: por un lado, Gonzalez-Foerster pone en escena el irrenunciable deseo de comunicarnos con aquellos que ya no están, o al menos de dialogar con su remanente. Por otro, la obra proyecta ideas inquietantes acerca de la progresiva liberación del ser humano de sus cadenas biológicas, y de la consagración de la tecnología como herramienta para solventar nuestra mortalidad, o, al menos, nuestra ausencia. Existe otra cuestión, de esas que todavía no han sido debatidas en profundidad, y que considero importante en la lectura de esta obra: la pregunta acerca de si nuestra tecnología alcanzará, y luego superará, nuestra capacidad de crear arte, algo que consideramos como uno de los más particulares rasgos humanos.

Telas de vanguardia
Más-que-humanas ha sido ubicada en el sótano del museo, y su escenografía es una constante penumbra con localizados puntos de luz. Es necesario que nos adentremos a través de cortinajes negros para acceder a las siguientes obras, firmadas por Saraceno. Las impresionantes formas de la arquitectura arácnida son el eje de su propuesta, en la que colaboran científicos y entomólogos. Primero recrea el resultado del trabajo conjunto de dos especies distintas: un intrincado paisaje flotante construido a partir de movimientos, patrones, caos y temporalidades. En la siguiente, una lámina láser cruza bidimensionalmente la impresión de la tela para desvelar las frágiles marañas que la integran. El recorrido se cierra con un vídeo que se sumerge en la vida subacuática, donde el artista articula muy bien el interés científico con la dimensión poética que aporta el propio ecosistema.

Pero antes de abandonar la exposición conviene acudir a la sala 45 de la colección permanente: allí, (des)ubicadas entre las obras maestras, se muestran enormes telas de araña fijadas cuidadosamente sobre papel. Y entendemos parte de la investigación de Saraceno: estudiar narrativas de otros modos de vida no humanos para repensar la manera en la que cohabitamos el mundo.