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En orden de aparición. Colección Hochschild. Arte peruano y latinoamericano

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid. Hasta el 21 de abril de 2019
[Fernando Castro Flórez. ABC Cultural, 2 de marzo de 2019]

RECORRIDO INTEMPESTIVO CON HOSCHSCHILD

La segunda consideración intempestiva de Nietzsche sigue interpelándonos, colocados como estamos en algo peor que la «enfermedad histórica». La amnesia encuentra acomodo en la museofilia y los «delirios arquitectónicos» contribuyen a que los tour operators turísticos tengan espacios en los que no sufrir ni lipotimias, apartada cualquier posibilidad del «síndrome de Stendhal». Cierta moda de intervenciones o disrupciones en museos históricos ( Jean Fabre o de Bernardí Roig, por citar dos artistas con grandes dotes escenográficas) ha encontrado eco en nuestro país, asaltado por una tendencia a la «magnificación» de las colecciones particulares.

Vuelta a la Academia
Estrella de Diego y Luis PérezOramas han dispuesto en la Academia de Bellas Artes de San Fernando piezas de la colección Hochschild en diálogo con cuadros magníficos que suelen pasar jornadas de soledad. Ojalá la «colisión de temporalidades» de esta muestra con obras de artista peruanos y latinoamericanos atraiga un público que descubra las maravillas que en la Academia se conservan.

En el recorrido «de estrategias ajenas a las cronografías» se favorece la singularidad y la fricción desde la primera obra, titulada En orden de aparición, un autorretrato de espaldas de Sandra Gamarra aparentemente acosada por un fantasmal equilibrista en un juego de resonancias duchampianas, pero dispuesto como un guiño a cuadros de Morales, el Greco y Zurbarán. Entre los brillantes fogonazos destacaría el diálogo establecido entre la fascinante pintura de Antonio de Pereda El sueño del caballero y los bodegones contemporáneos de Rosemberg Sandoval y Adolfo Couve, que oscilan entre la sedimentación de la violencia y una melancolía indefinida.

En la sala de vaciados nos encontramos con obras de Jota Castro (una cornucopia de mármol que no es otra cosa que una bolsa cerrada y un balón de fútbol de idéntico material) y Carlos Martinat, que está aquí jugando con las réplicas de los antiguos sátiros. Y, en franca manifestación de la «duchampitis», no puede faltar una re-textualización en torno a la Fuente centenaria.

Opacidad que brilla
En este paseo deliberadamente contra-canónico hay numerosos encuentros afortunados, aunque también asistimos a « maridajes » anómalos; por ejemplo, no queda muy claro que pueda suceder en el «gozne visual» del entierro de la sardina o la casa de locos de Goya y La india del Collao de José Sabogal. Otras obras resplandecen por su opacidad, como el enigmático Mensaje de Mathias Goeritz, una plancha perforada que pareciera buscar algo que está al otro lado, acaso un ámbito de ritos que podrían afectar al destino de un mundo que se precipita hacia su final. En la tercera planta, la más desangelada de todas, tal vez lo más brillante sea la aproximación de Torres García a Picasso, Juan Gris y Julio González. Aquel fascinante pionero del constructivismo nos reorienta en un trayecto artístico deliberadamente intempestivo. En orden de aparición.