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Francesca Woodman. Ser un ángel

Fundación Canal. Madrid. Hasta el 5 de enero de 2020
[José Jiménez. ABC Cultural, 26 de octubre de 2019]

FRANCESCA WOODMAN: YO VUELO

Las obras de Francesca Woodman (1958-1981), que ya han podido verse anteriormente en España, llegan de nuevo a Madrid tras un largo recorrido por distintos centros artísticos de Europa, en una excelente exposición de síntesis producida en 2015 por el Moderna Museet de Estocolmo.

Una referencia

No se la pierdan. Sus fotos impresionan de verdad. A pesar de la brevedad de su vida: se suicidó dejándose caer desde la ventana de su casa en Nueva York el 19 de enero de 1981, unos meses antes de cumplir 23 años, es una de las referencias centrales de la fotografía y del arte hecho por mujeres en el siglo XX. Su trabajo empezó muy pronto, y, ya desde el comienzo, con plena intensidad, cuando con tan sólo trece años, su padre le regaló una cámara japonesa Rollei. Tras su muerte, se conservan 10.000 negativos y alrededor de 800 fotografías impresas. Nos dicen que se han podido ver hasta ahora, en las diversas muestras públicas, únicamente una cuarta parte.

Para la exposición en Madrid se han reunido 102 fotografías, la mayoría de pequeño formato, y una pieza en vídeo de seis episodios, datados entre 1975 y 1978. El itinerario permite recorrer, en ámbitos organizados por temas, la trayectoria de Woodman. Desde sus primeras obras, a la etapa de su residencia en Providence al matricularse en 1975 en la Escuela de Diseño de Rhode Island, o su estancia como becaria en Roma entre 1977 y 1978, año en el que obtuvo su titulación en Bellas Artes en EE.UU., y, finalmente su estancia en Nueva York, adonde se mudó en 1979.

Como hilo de continuidad, las fotos se centran de modo principal en imágenes del cuerpo, fundamentalmente del femenino, con la excepción en esta muestra de la serie «Charlie, el modelo», en este caso, un hombre. Otras mujeres tienen también presencia, pero en su mayor número, el cuerpo que vemos es el de la propia artista.

Nos situamos así, de forma recurrente, en el ámbito del autorretrato, pero, eso sí: en ningún caso entendido de manera estática o repetitiva. El cuerpo de Woodman va y viene en las imágenes, se desliza en juegos de luces y sombras, se contrae y proyecta, se fragmenta y se refleja, utilizando de un modo especial el contraste de los espejos, las paredes, las puertas y las ventanas. Predomina el cuerpo desnudo, el propio cuerpo como signo de interrogación, intervenido con objetos de contraste, y proponiendo en distintas series un sonido de poema visual, de música abierta. Esto es lo que anota en una foto de 1976, en la que vemos su cuerpo cubierto por un papel roto y arrodillado frente a una pared sobre la que baja su cabeza y deposita sus manos: «Entonces hubo un momento en el que no necesitaba traducir las notas: iban directamente a mis manos».

El núcleo central
Como síntesis, me parece un gran acierto haber elegido como título de la cita el de una de las series: «Ser un ángel». Esto puede considerarse el núcleo central de su trabajo: una imagen de la humanidad, a través de sí misma, del cuerpo de la mujer, como ángeles de este mundo. Ángeles caídos; humanos, con el deseo de tener alas. Francesca Woodman: Yo vuelo.