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Jörg Immendorff. La tarea del pintor

Museo Reina Sofía. Madrid. Hasta el 13 de abril de 2020
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 16 de noviembre de 2019]

IMMENDORFF, ACCIÓN DE LARGO ALIENTO

La trayectoria personal y artística del creador Jörg Immendorff (Bleckede, Alemania, 1945-Düsseldorf, Alemania, 2007) está claramente dominada por un fuerte componente ideológico y político, especialmente en sus etapas primeras e intermedias, y por una no menos fuerte voluntad de convertirse en un instrumento de cambio en una sociedad en pleno proceso de transformación. Esa dimensión social, generadora de modificaciones y mutaciones dentro del complejo tejido de la vida, estaba profundamente enraizada en el ambiente densamente político de la Alemania de sus años de formación, la década de los sesenta. Del mismo modo, puede observarse a lo largo de todas las obras –algunas ciertamente sobresalientes– un evidente y constante componente autobiográfico que actúa como hilo conductor, al tiempo que sirve para ofrecernos una lectura completa y coherente de su pensamiento y de sus intereses artísticos y personales.

Primera tras su muerte
Jörg Immendorff. La tarea del pintor supone la primera retrospectiva dedicada a este artista desde 2007, año de su muerte, y se expande por toda una larga trayectoria creativa, de más de cuatro décadas. Para su estructura se ha preferido no seguir una disposición cronológica, más tradicional, optando por desplegar las casi cien obras presentes, entre pinturas –su gran mayoría–, dibujos y algunas esculturas (seguramente el eslabón más débil de su producción), de acuerdo a criterios temáticos, siempre interrelacionados por una línea argumental que traza la evolución y los diferentes procesos de transformación, formal y conceptual, de su carrera artística.

Ese desarrollo y mutación creativas quedan bien patentes en las distintas piezas de esta cita, que recogen sus hitos principales, desde las primeras pinturas de los años sesenta, en las que se observa una clara voluntad sociopolítica y reivindicativa, pasando por sus series más referenciales de la década siguiente y de principios de los ochenta, entre otras, el conocido ciclo Café Deutschland, inspirado por cierto en el Caffé Greco (1976) del italiano Renato Guttuso, que había podido ver en la Kunsthalle de Colonia; o posteriormente otras series, ya en los noventa, como Café de Flore o Gyntiana, en las que puede apreciarse una evolución hacia presupuestos menos políticos, más influidos por determinadas figuras de las vanguardias artísticas y literarias, hasta llegar finalmente a sus últimas pinturas, realizadas algunas de ellas en colaboración con sus ayudantes, tras diagnosticarle la enfermedad de la ELA, y que giran en gran medida sobre temas como la metamorfosis, la vanidad y –obviamente– la muerte.

Una «liberación»
El giro ideológico operado en sus últimas obras le llevará a sentir una auténtica «liberación». Según sus propias palabras: «He ido reduciendo en ellas, paso a paso, las capas ornamentales de la narración, de tal modo que el centro lo ocupan la forma y el color». En cualquier caso, tanto estas como todas las anteriores no dejan de mostrar a un artista siempre comprometido críticamente con la Historia alemana y en un constante movimiento pendular, oscilando alternativamente entre el optimismo y la desesperación. Sin duda, un auténtico e ineludible Zeitgeist…