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Latinoamérica en las colecciones CA2M y Fundación ARCO

Sala Alcalá 31. Madrid. Hasta el 21 de abril de 2019
[Carlos Delgado Mayordomo. ABC Cultural, 2 de marzo de 2019]

CONSTELACIONES LATINAS HASTA LEONOR FINI

Basta una mirada atenta a cualquier colección de artecontemporáneo para advertir, por un lado, su carácter incompleto respecto a los discursos de su tiempo y, por otro, su contenido sesgado por razones económicas, geográficas o ideológicas. A ello no escapa el conjunto que atesora el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M), que aúna las colecciones de instituciones tan dispares en sus políticas de adquisición como Comunidad de Madrid y Fundación ARCO. La actual cita plantea una relectura de ambas a través de sus piezas de art latinoamericano, una discutida categoría geoestética que presupone una cohesión que realmente no existe entre los países que la integran.

Manuel Segade, director de CA2M y comisario de esta muestra, aborda sin ambages tanto la naturaleza incompleta de las colecciones como la inoperancia de definir una idea global sobre el arte producido en América Latina. Para ello, ha evitado las narrativas generalizadoras o el relato histórico, y ha propuesto una constelación de obras que negocia con el espectador posibles conexiones conceptuales. Así, el cuerpo como vehículo de un discurso político se localiza con facilidad en los trabajos de Ana Mendieta, Artur Barrio, Beatriz Gonzálex o Teresa Margolles. Pero las piezas elegidas también permiten enhebrar vínculos más tentativos, como la contestación a la racionalidad occidental que habita en el esoterismo de Andrea Canepa o el anarquismo mágico de Rometti Costales.

Hilo de que tirar
El montaje evita las estructuras fijas de la museografía convencional, a excepción de la absoluta centralidad -simbólica y escenográfica- que se ha otorgado al telón teatral diseñado por la argentina Leonor Fini: una artista que, entre otras muchas cosas, compartió exposiciones con la plana mayor del surrealismo, fue musa de Dior, escribió novela, ilustró textos de Poe, Ibsen o Sade, y trabajó como directora de arte para Huston o Fellini. El telón responde a un encargo de Antonio el Bailarín para la producción del ballet Sonatina en 1057; Fini realizó un diseño inspirado en tapices medievales y dejó su elaboración en mano del pintor López Sevilla.

Este monumental telón, de 12 metros de largo y 7 de alto, permite tirar de hilos que cuetionan las tradicionales recensiones historiográficas: la identidad migrante de la artista la desvincula de lo estrictamente latinoamericano: la materialidad textil de la pieza se aleja de los soportes considerados propios del gran Arte; y la distancia premeditada entre idea y ejecución anticipa estrategias conceptuales. Su ubicación privilegiada en la nave princial de Alcalá 31, enmarcada por los obeliscos de Damián Ortega y Los Carpinteros, le asigna una centralidad que, como a muchas otras mujeres, siempre le ha sido negada. Este juego de escalas, tensiones y ritmos asociativos opera en toda la exposición como una posible guía de lectura. Un modo de “mpapear” el arte latinoamericano contemporáneo que, en su diversidad de coordenas, deja amplios vacíos y zonas difusas; una cartografía conscientemente incompleta que, sin embargo, responde a una idea muy pertinente: la de que “lo latinoamericano” no puede ser nunca un concepto tipificado, sino una etiqueta que es necesario sustraer para que las obras queden liberadas en nuevas tramas de significado.