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Monocromo, género neutro

MUSAC. León. Hasta el 12 de enero de 2020
[Óscar Alonso Molina. ABC Cultural, 19 de octubre de 2019]

LA MUJER, EN ABSTRACTO

La sensibilidad de MUSAC incluyendo de manera habitual en su programación una parte importante de nombres femeninos, a los cuales se les busca nuevo espacio desde la revisión de la Historia del Arte y los cánones que manejamos, resulta una labor institucional necesaria y que está dejando exposiciones de interés. Así, hace algo menos de un año fue una sorpresa aquella primera retrospectiva que desde un museo se llevaba a cabo de Carmen Lydia Djuric, Hessie. Y tenemos otro buen ejemplo en la magnífica muestra sobre María Lara clausurada hace pocas semanas.

Estos dos modelos enmarcan la estrategia del centro, sobre todo de lo que aún queda por descubrir y valorar en este campo, pero que aún no hemos aprendido a interpretar correctamente. Porque, como señala Juan Guardiola, comisario de Monocromo, colectiva que se adentra en un ámbito no muy tratado por la historiografía, la crítica, ni el comisariado, y desde la cual aborda el arte hecho por mujeres más allá de los tópicos feministas que se consolidan: «No todas las artistas estuvieron presentes en la nueva genealogía del arte feminista: aquellas cuyo trabajo no respondía a un paradigma en el que predominaba una creación basada en el cuerpo, la construcción de la diferencia en la representación visual o la identidad racial y sexual fueron ignoradas, y, a menudo, silenciadas».

Así, se ha reunido a casi medio centenar de mujeres, y otras muchas anónimas, cuyos trabajos caen del lado de lo que la Historia del Arte catalogaría como abstracción geométrica, racional y conceptual. La combinación resulta estimulante, y entre el puñado de grandes nombres femeninos que la vanguardia y la tardomodernidad aceptaron en su selectivo canon, aparecen creaciones textiles sin firma provenientes de América del Sur, India u Oriente Próximo, fechadas en los siglos XV, XVIII o XIX, por ejemplo. De la misma forma, las artes académicas se codean en el recorrido con la moda, el diseño aplicado o las manifestaciones experimentales, la danza y la performance.

Diálogos transversales entre mujeres de culturas y tiempos separados, para las cuales el propio concepto de arte no es necesariamente un espacio común. Pero que precisamente por ello quizá permiten llegar al comisario más lejos en la apuesta. Así, el diferencial entre los polos de lo seleccionado es tan radical que el propio hecho de lo que significa ser mujer en ellos tiene inevitablemente valores completamente diferentes. Y, no obstante, el experimento funciona, señalando contrastes y paralelismos entre lo realizado; puentes diacrónicos que las ligan si no como un símbolo, sí al menos mediante lazos unas veces más reveladores y otras más problemáticos, pero en todo caso estimulantes que merece la pena cruzar.