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Rosalind Nashashibi. Green Hearts

CAAC. Sevilla. Hasta el 2 de febrero de 2020
[Rocío de la Villa. El Cultural, 15 de noviembre de 2019]

ROSALIND NASHASHIBI, MICROPOLÍTICA COTIDIANA

La primera exposición institucional en España de la artista británica Rosalind Nashashibi parece una invitación a viajar: Palestina, Tahití, Guatemala o Lituania son lugares distantes donde se desarrollan sus piezas fílmicas que, sin embargo, muestran pequeñas historias y experiencias cotidianas. Son intrahistorias que, aun conservando el color local, refuerzan lo que tenemos en común. Pronto un desplazamiento sucede a otro. De manera que la invitación se convierte en una suerte de motivación a la empatía; y luego, en un viaje interior, en donde no faltan ecos de la infancia y de una relación fluida con animales y con la naturaleza. Elementos que conforman la iconografía de su otra faceta: una pintura tentativa, de vaga inspiración expresionista.

Es un acierto que, entre la media docena de filmes seleccionados en esta muestra se hayan intercalado espacios dedicados a las pinturas. Las más recientes realizadas en el proceso de montaje de esta exposición en Sevilla, a raíz de su visita a la Casa de Pilatos, en cuyo salón dorado recordó a su abuela sefardí y le inspiró los telones casi abstractos que ahora cuelgan en el altar de la antigua iglesia de la Cartuja. Estos remansos pictóricos contribuyen a adaptarse al tempo en el que transcurren sus historias rodadas en 16 mm, soporte que acentúa el carácter narrativo, de historia contada, con inserciones de planos contemplativos de patente sensibilidad pictórica.

Como tantos artistas de su generación, Rosalind Nashashibi (Londres, 1973) procede de varias culturas. Hija de padre palestino y madre irlandesa, en el vídeo más antiguo mostrado aquí, Dahiet Al Bareed, distrito de la oficina de correos (2003), Nashashibi volvió al barrio que construyó su abuelo, arquitecto y director de la Oficina de Correos de Palestina, hoy convertido en una zona de control de paso entre Cisjordania y terrenos ocupados de Jerusalén. Estado de excepción cuya denuncia se alude mediante elipsis en una descripción de la vida cotidiana de sus habitantes. Como también resuelve de modo alegórico el encargo del Imperial War Museum de Londres, diez años más tarde, para recrear en planos claustrofóbicos la vida en la aislada Franja de Gaza. De donde, a causa del recrudecimiento bajo la Operación Margen Protector, se le aconsejó salir poco después de su demorada llegada por las dificultades para conseguir el permiso de entrada. De ahí que entre las secuencias se intercalen escenas de animación, tal vez recreando indirectamente la sensación de irrealidad y conmoción de tal experiencia.

Pero más allá de la posición micropolítica que supone esta mirada a lo cotidiano, terreno propicio a la empatía, por similitud o diferencia, Nashashibi ha ido desarrollando una creciente vía hacia el intimismo. Una aproximación que aplica, al cabo, a lo que le es más cercano: el rol de las mujeres en el arte. En la última documenta en Kassel se presentó el mediometraje El jardín de Vivian (2017), rodado en la hacienda guatemalteca de Panajachel. Ahí conviven dos pintoras en casas contiguas, madre e hija, emigrantes suizo-austriacas, Elisabeth Wild (1922) y la más conocida Vivian Suter (1949) que expone sus pinturas abstractas a la intemperie del jardín tropical, en donde sus perros se mueven con miedo a las víboras. Con naturalidad, entre conversaciones fragmentadas, se va hilvanando la relación entre estas dos artistas que viven recluidas, cuidadas y protegidas por aldeanos indígenas, compartiendo la misma entrega diaria a la creación, mientras ambas van envejeciendo y la inminente separación por los compromisos internacionales de la hija adquiere un sentimiento dramático ante su anciana madre, que conserva un espíritu libre y juvenil. Lo que, desde luego, es una manera muy original de plantear la necesidad de registrar genealogías artísticas en femenino, tradicionalmente omitidas. O bien, simplemente mostrar la vida diaria, habitualmente austera y de trabajo continuo aunque en lugares y espacios peculiares que llevan la mayoría de artistas, pero tomando como ejemplo artistas mujeres.

Y pasando de sujetos a objetos de representación, también es muy interesante la perspectiva que proyecta en el vídeo ¿Por qué estás enfadada? (2017), el último de una serie realizada con la artista británica Lucy Skaer que toma como punto de partida una creación o figura cultural. A partir del cuadro homónimo de Paul Gauguin, se encuentran con mujeres tahitianas de distintas edades que con ironía versionan los tópicos coloniales de la belleza exótica. Imágenes que se alternan con otras en blanco y negro y acciones cotidianas con las que se activa el distanciamiento brechtiano y emerge la imagen de su dignidad real.

En su último proyecto, desarrollado en dos partes (la más reciente coproducida por el CAAC con otros museos europeos), la propia artista junto a sus hijos y amigos protagonizan la distopía basada en el relato de la escritora feminista Ursula K. Le Guin, La historia de los Shobbies (1990). Nuevos recursos, como cierta asincronía en la banda sonora, ayudan a comprender la trama rodada en Lituania y Reino Unido, donde esta familia no nuclear explora la (im)posibilidad del amor compartido fuera del tiempo lineal.