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Sheela Gowda. Remains

Bombas Gens. Valencia. Hasta el 26 de enero de 2019
[Marisol Salanova. ABC Cultural, 16 de noviembre de 2019]

UNIDAS EN EL DESARRAIGO

India es el país que más pelo humano exporta del planeta. Partiendo de esta premisa, Sheela Gowda (India, 1957) ejemplifica las consecuencias del desarraigo en un mundo globalizado. Para ello, elabora un cortinaje que compone una instalación con más de 15 km. de cabello frente a un cúmulo de pasta de kumkum, el pigmento utilizado en rituales sagrados formando el característico círculo rojo entre cejas. Estiércol, barriles de alquitrán, fibra de coco y caucho son algunos de los elementos presentes en su obra, con espíritu crítico respecto al valor simbólico de la materia. La artista expone por primera vez en Valencia, en una muestra que revisa los últimos treinta años de su trayectoria bajo el título Remains en el Centro de Arte Bombas Gens. Se trata de una colaboración con la fundación Hangar Bicocca, puesto que el proyecto itinera desde Milán.

La imaginería popular, la vida ordinaria y las leyendas impregnan el trabajo de la autora, quien considera que todos los materiales que pasan por sus manos tienen una historia, unas connotaciones determinadas. Así, reflexiona desde Occidente sobre rituales propios de India, siempre desde un profundo respeto. Las salas de aspecto industrial contrastan con sus instalaciones artesanales de grandes dimensiones y dibujan paisajes de abstracción diseñados para suscitar la empatía.

POR SU PARTE, ZINEB SEDIRA (Francia, 1963) también provoca desde la intimidad de los objetos cotidianos y lo orgánico, trabajado con sus propias manos. Para comprender a esta artista es importante atender a las nociones de familia, tradición, historia oral, migración y transmisión intergeneracional de conocimientos. Son temas recurrentes en sus instalaciones, vídeos, esculturas y fotos a lo largo de su carrera, revisada actualmente en el IVAM, con la colaboración del Jeu de Paume.

La franco-argelina ofrece una mirada crítica sobre el pasado reciente de Argelia y los acontecimientos que han marcado su vida en las últimas décadas, en especial su guerra civil contra los islamistas radicales (1991-2002). Una serie de esculturas de barcos varados en resina sirve como metáfora de la diáspora. Evoca así el momento en el que sus padres abandonaron el país para darla a luz en Francia, mucho antes del conflicto bélico que truncó su prosperidad.

Tal vez la búsqueda de raíces, tanto tiempo después, una a las dos artistas, que, en el fondo, parecen hablarnos de lo mismo desplazándose de lo particular a lo universal.