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Una dimensión ulterior. Aproximaciones a la escultura contemporánea en España

Museo Patio Herreriano. Valladolid. Hasta el 13 de octubre de 2019
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 28 de junio de 2019]

LAS ENREVESADAS FORMAS DE LA ESCULTURA EN ESPAÑA

Desde la aparición de las vanguardias seguramente no ha habido otro lenguaje artístico que no haya experimentado más evoluciones / involuciones / revoluciones que la escultura. Una constante que se ha visto reforzada y ampliada en las últimas décadas. La muestra Una dimensión ulterior supone un loable intento de trazar algunas claves y rasgos de la cartografía reciente de la disciplina en España. Y lo hace como una suerte de continuación de otro proyecto expositivo de similares características, presentado en este mimo museo en 2003. En mi opinión, se tratba de una propuesta con más intenciones de mostrar síntomas que de ofrecer diagnósticos, y, sobre todo, con menos aún de imponer una única y canónica selección de nombres.

La sección “Estrañamiento de lo propio” plantea cierto “retorno al orden”, entendido como una peculiar y revisitada vuelta a las raíces, a la tradición. Esta sala nos recibe con la agradable sorpresa de un par de pequeñas (en tamaño) piezas de ´ÇAngel Ferrant de 19045, un guiño cómplice con algunas obras contemporáneas, como el impactante Utensilio (1989) de Jorge Barbi, y algún ejemplo de Fernando García y Jacobo Castellano.

Sinergias en lo corporal
“Voz de la materia” intenta (de)mostrar la dimensión formal y matérica del lenguaje. En este contecto me interesan ciertas obras, entre ellas, Sin título (1986) de Eva Lootz, una atractiva tautología de la lengua, las lúdicas formas de Elena Blasco, la maleable ironía de Nuria Fuster o las potentes abstracciones cuasi tipográficas de Juan López.

“Torsión del cuerpo y del lenguaje” traza nuevas sinergias con el lenguaje y sobre todo con las inagotables ramificaciones de lo corporal. Ambas coordenas se friccionan, complementan y cuestionan en un juego de espejos y volúmenes. Aquí podemos ver algunos buenos trabajos de Pepe Espaliú, la fuerza, aparatemente humilde, de Julia Spínola y las difícilmente clasificables creaciones de Antoni Llena.

La laturaleza ha sido siempre uno de los principales semilleros del arte. La escultura no podía ser una excepción. Naturaleza: origen, esplendor, residio… Representación de un orden natural que en las prácticas contemporáneas deviene pluralidad, y tensión. Quiero detenerme en la obra de Schlosser -siempre espléndida-, que aporta una voz de timbres poéticos y simbólicos, nada mal acompañada por la de Asier Mendizabal o Carlos Irijalba.

No parece fácil concebir la escultura sin la presencia de la forma. Sin embargo, sus meándricas derivas han venido a refutar esa dicotomía. En las últimas décadas hemos asistido a una gran variedad e hibridación de registros asociados al espacio y al volumen. Todo es, pues, finalmente “Un problema de forma” (y de fondo), como ejemplifican piezas de Sinaga, Cristina Iglesias, Ángela de la Cruz, Pello Irazu o Nuria Fuster.

El último eje plantea un nuevo giro conceptual, que se aentra -a mi juicio, demsaido libremente- en la justificación de conquistar otras provincias “más planas”, para lo tridimensional, como pueden ser la foto, el dibujo, el vídeo o los registros sonoros. Esta tesis, que busca encontrar analogías entre tiempo y espacio, en clave de lectura escultórica, se me antoja controvertida y argumentable, independientemente del valor de ciertos artistas, entre otros, Patricia Dauder, Elena Asins o Itziar Okariz.