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Vicios Modernos. Ceesepe 1973-1983

La Casa Encendida. Madrid. Hasta el 22 de septiembre de 2019
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 1 de junio de 2019]

EL CEESEPE QUE CALENTABA MOTORES

Para aquellos que ya vamos peinando bastantes canas en las sienes de la memoria, el nombre de Ceesepe despierta bastantes recuerdos, sazonados con las especias de la nostalgia e, incluso, de cierta melancolía. Pero no, no voy a caer en el todavía fácil riesgo de hablar de la Movida, “ese folclore de la revolución”, Umbral dixit… Una época de la que formó parte muy activa, pero de la que posteriormente abominaría -como tantos otros y tantas otras- para no acabar convertido en “un bote de Colón, ni salir anunciado en la televisión, excelso pareado…

Me voy a centrar en lo que se centra Vicios Modernos. Ceesepa 1973-1983, una completa panorámica en La Casa Encendida de la obra gráfica de este artista, Ceesepe, para el siglo Carlos Sánchez Pérez (Madrid, 1958-2018), un periodo relativamente corto de diez años, que arranca desde sus años escolares hasta el momento en el que la pntura empezó a llamar con fuerza a la puerta de su estudio, a principios de los años ochenta. Durante esa época producirá un importante -e influyente- volumen de trabajos relacionados con el mundo del cómic y la ilustración. De esta forma, la exposición se focaliza, pues, en su faceta de dibujante, a mi juicio la más significativa y destacada de su trayectoria creativa.

Una visita poliédira
La exposición ha sido organizada por la misma Casa Encendida y el Archivo Lafuente, y comisariada por Elsa Fernández-Santos. Recoge casi 300 obras, entre dibjos, cómic, cuadernos, revistas, documentos originales o fotografía, y hasta un mediometraje, El día que muera Bombita, creado en colaboración con el fotógrafo Alberto García-Alix. Estructuralmente, esta se divide en tres áreas interrelacionadas. Dejemos que sus conocidos ángeles negros, a ritmo de bolero, nos acompañen en la visita…

El primer espacio está centrado en su producción inicial, desde los primeros dibujos, aún en el colegio (pueden verse algunas pequeñas joyas de su etapa escolar), hasta el inicio de la década de los ochenta. Será un momento en el que irrupe con fuerza en muchos creaores de nuestro país -entre ellos, un jovencísimo Ceesepe- la influencia de la contracultura underground norteamericana. Segúin palabras de la comisaria: “No se pueden entender los años setenta en España sin medir lo que supuso el aterrizaje en la esfera juvenil, de las historietas y dibjos que la cultura oficial ninguneaba. La estela del cómic uinderground estadounidense, rebelde y desmitifcador, tocaba la orilla de un país sediento de prueas de modernidad”.

Este influyo se aprecia sobre todo en la serie que hace de su personaje Slober, un delirante antihéroe, protagonista de algunas de sus historias más alucinantes y a la vez alucinatorias, y que alcanzaría en ese tiempo una enorme popularidad entre los jóvenes amantes de los cómics.

Ya desde un primer momento, los dibjos de Ceesepe muestran un estilo propio, muy identificable, una personal mixtura de elementos formales y narrativos, característicos del cómic canalla, underground y urbano que se estaba haciento entonces en Barcelona (pienso en el Nazario de El Rrollo Enmascarado), junto a otros rasgos plenamente suyos que, pese a la evidente densidad de sus historias y ambientes, confieren a estas obras una extraña, elegante e indefinible belleza.

Precisamente su temprana relación con Barcelona le serviría para ejercer una especie de simbólico papel de embajador-puente-aéreo entre esta ciudad y un Madrid que en esos momentos empezaba ya a desperezarse de un prolongado letargo.

Solo, no puedes…
Será también la época en la que montaba en El Rastro, junto a García-Alix, una iniciativa editorial: Cascorro Factory, en la que vendía cómics americanos, publicaciones artesanales de sus amigos, como El Hortelano, Ouka Leele o Javier de Juan. Y revistas (El Carajillo Vación, Star, Ajoblanco…). En esa misma editorial publicaría su obra más referencial de entonces, Vicios Modernos, un fanzine en el que aparecerá la historia del mismo título, creada a partir de fotografías de García-Alix, y que asimismo da nombre a esta exposición.

Hay también en la muestra de Madrid un espacio, repartido por las salas, que recoge algunas de las caras más íntimas y privadas del Ceesepe de aquellos años; una suerte de retrato personal, compuesto por distintas imágenes del propio artista, de sus amigos, y del peculiar hábitat de lúdica alevosía y nocturnidad que le rodeaba, aunque nunca del todo exento de un agriculce sabor melodramático. Un singular álbum fotográfico, obra en muchos casos de su gran amigo, el ya tantas veces mencionado Alberto García-Alix.

El color, protagonista
La última sección tiene un claro protagonista: el color. A medida que avanzaba en nuevas opciones formales y narrativas en el cómic, Ceesepe iba sientiendo asimismo la necesidad de explorar otras vías de expresión, cada vez más próximas a la pintura. Así, el limitado marco de la viñeta daría paso a una expansión de los formatos, a unas composiciones cada vez más complejas y sofisticadas, y, sobre todo, a la irrupción de nuevas y más ricas posibilidades cromáticas, señalando la inminente emergencia del lneguaje pictórico dentro de su mundo creaativo.

En este sentido, destaca El tacón cubano, una hisotira que ya abandona poco a poco los límites del cómic, y, sobre todo, Estrellita va a Nueva York, y El día que muera Bombita.

También pueden verse aquí algunos dibujos e ilustraciones que realizó para Pepi, Luci, Bom y otros chicas del montón, la primera película de Almodóvar. Significativamente, la muestra se cierra con su primer lienzo, un cuadro-ventana que abriará otra nueva época. Pero esa es ya otra historia.