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Amalia Pica

CAAC. Sevilla. Hasta el 15 de marzo de 2020
[Iván de la Torre Amerighi. ABC Cultural, 4 de enero de 2020]

UNA PICA EN SEVILLA

Uno de los retos más difíciles en el campo de las artes plásticas tal vez sea conseguir una comunión perfecta entre los mensajes que se quieren trasladar al espectador, incluso cuando estos son reivindicativos, y los formales seleccionados para hacerlo, cauces de comunicación que nunca deben perder una dicción y una estética atractivas. Alcanzar ese justo medio son notas que describen a la perfección la coherencia y la madurez a la que ha llegado el trabajo de la argentina Amalia Pica (1978), quien por primera vez expone individualmente en España.

En cuatro ejes
Afincada desde hace años en Londres, Pica ha construido un sólido bagaje durante la última década y media mediante unas propuestas cuya mayor singularidad estriba en la perfecta equidistancia de cuatro ejes: la flexibilidad de su proceso, la investigación morfo-cromática, el uso constante de la metáfora y la reivindicación política.

Aborda la artista procedimientos y técnicas creativas desde una posición desacomplejada. No en vano usa por igual la escultura, la instalación, la fotografía, el vídeo, la performance… Los límites se diluyen. La superposición y la intersección son herramientas presentes en sus investigaciones morfo-cromáticas, espacios donde se muestra heredera de una larga tradición abstracta, geométrica y neoconcreta latinoamericana.

Un ejemplo de esta capacidad de hibridación entre líneas de actuación emerge en ABC (line), obra de 2013 y una de sus piezas más conocidas, definida por la creadora como instalación y performance ocasional. 44 elementos geométricos de metacrilato transparente de distintos colores se disponen sobre unos estantes, elementos que a veces son intercambiados por performers que se sitúan entre la propuesta y el público, donde el símbolo matemático de su título representa la intersección y la superposición entre formas y cromatismos, pero también alude a la capacidad de diálogo entre opuestos.

Los objetos, en estos proyectos, poseen un alto valor simbólico, aun perteneciendo a la categoría de lo cotidiano o lo extra-artístico. Esos mecanismos de traslación, que posibilitan lecturas profundas pero no evidentes (siendo la evidencia, en este caso, un valor no creativo) se hacen muy presentes cuando se aborda uno de sus temas recurrentes: la capacidad de protesta de la sociedad y sus modelos de formulación. En (Un)heard (room) (2019), instalación site-specific, dispone sobre los paramentos de una de las salas muchos de los innumerables objetos utilizados para realizar ruido ensordecedor, signo del malestar del pueblo: tambores, cacerolas, trompetas, latas, silbatos, bocinas… Revestidos de yeso, pintados de blanco, Pica los silencia, al tiempo que hace refulgir la belleza formal y alegórica de cada uno de ellos.

No olvidar el pasado traumático de su Argentina natal se encuentra entre sus objetivos. La reivindicación política se manifiesta a partir de la memoria colectiva en la que Pica no renuncia a la geometría matemática y a cierta ironía del absurdo que acompaña muchas de las decisiones (paranoicas) de toda dictadura. La Junta militar argentina condenó los diagramas de Venn, desterrándolos de las escuelas. Al parecer, como la artista demuestra en Venn Diagrams (under the spotlight) (2011), la propiedad inclusiva de la teoría de conjuntos parecía un peligroso alegato subversivo contra el poder.