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Chechu Álava. Rebeldes

Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. Hasta el 29 de marzo de 2020
[Manuel Muñiz. ABC Cultural, 25 de enero de 2020]

«RETRATO A ESTAS MUJERES POR AMOR Y ADMIRACIÓN»

Eva, Venus, Frida Kahlo o Lee Miller (con dolor de cabeza) son algunas de las mujeres a las que rinde homenaje Chechu Álava (Piedras Blancas, Asturias, 1973) en Rebeldes, la exposición escogida este año por el Museo Thyssen-Bornemisza para su programa Kora, que trae obras con perspectiva de género a sus salas para establecer un diálogo con su colección permanente.

–¿Un escenario como el Museo Thyssen influye a la hora de plantear la exposición?
–No exactamente, porque, aunque expongo en el Thyssen, no es el mismo formato que si fuese una exposición de, por ejemplo, Balthus, sino que lo hago en una sala que ya tiene un pequeño recorrido de muestras temporales contemporáneas. Así que está dentro de un contexto, y eso lo hace más fácil.

De todas formas, colgar mis cuadros junto a los de la colección permanente va a ser un shock. Yo soy siempre la jueza más dura para con mis obras, me exijo mucho, y me queda todavía la duda de cómo voy a ver yo mis cuadros allí dentro.

–¿Ha elegido usted los lienzos para esos «diálogos» con la colección permanente?
–Las elegí yo, pero dentro de las obras disponibles. Por cuestiones de organización, solo he podido escoger de entre mis cuadros aquellos que pudieran traerse desde Madrid, París o Asturias. Eso ya me limita. Si hubiera tenido tres años por delante para preparar la exposición, habría querido hacer obra nueva, porque una siempre piensa que lo va a hacer mejor que hace diez años. Para mí también es un reto ver cómo conviven obras que hice hace una década con otras de 2019.

–¿Cómo ve este tipo de exposiciones con perspectiva de género? ¿Le parecen necesarias o reduccionistas?
–Las veo necesarias, aunque cada caso es particular. En el caso de este programa, que es una vez al año, no hace daño. ¿Por qué no? Ahora toca conocernos a nosotras también.

–En esta exposición hay una serie de retratos de mujeres y uno de Sigmund Freud. ¿Por qué es el único hombre representado?
–Para mí, refleja sobre todo la búsqueda de una misma, esa búsqueda interior que tenemos que hacer para salir adelante. Creo que nosotras nos conocemos de otra manera, pero es en parte una forma de reírnos de nosotras mismas. Es una escena de diván que puede ser un autorretrato, o puede ser cualquiera de nosotras contándole nuestras movidas a ese viejecito.

–La cita lleva por título «Rebeldes». ¿Se considera una rebelde?
–El título no va tanto por mí –aunque quizá también pueda considerarme rebelde– como por las homenajeadas, que son mujeres que, en diferentes momentos de la Historia, estaban fuera de la norma. Los pasos que ellas dieron abrieron puertas para que yo pudiera vivir mi vida. Sin esos pasos precedentes yo seguramente no me habría podido ir sola a París a la aventura como me fui. Muchas veces pienso en la vida de mi abuela en Asturias y en la mía, y hay un abismo entre ellas en cuanto a libertad de poder estudiar, de viajar solas. Para mí, las mujeres que retrato son muy importantes en ese sentido, las admiro muchísimo. Las he ido retratando por puro amor y por admiración.

–¿Cómo las elige?
–No es nada premeditado. A lo mejor encuentro en internet una foto que me cautiva y me pide ser pintada. A veces ni siquiera sé nada de ellas y es a posteriori que conozco cosas sobre ellas, pero una mirada en una foto, o algo que he leído sobre alguna hace que las descubra. Son chispas que aparecen. Me relaciono con ellas de forma muy atemporal: para mí, el pasado y el presente, los vivos y los muertos, se mezclan. Convivo con ellas, cuando entro en el taller me las encuentro y forman parte de mi vida en ese momento, e incluso en otros. Es como una relación cercana, no diferencio mucho a una amiga de lo que puedo sentir por Frida Kahlo o por Camille Claudel.

–¿La llena más retratar a mujeres famosas o a anónimas?
–Todo por igual. Aquí se ha hecho una selección de mujeres célebres, pero no las quiero situar en un pedestal. Al contrario, procuro pintarlas con mucha cercanía, desde su vulnerabilidad, desde su locura. No son mujeres perfectas. –Justamente tenía pensado preguntarle por su forma de huir del retrato glorificador. –Es porque somos así. Tal vez no tenemos tanto ego, sabemos que somos perfectamente imperfectas. Yo las admiro y las quiero aunque estén locas, aunque tengan sus fallos, incluso aunque sean un desastre. Lo difícil es ser valiente, mostrar profundamente tu vulnerabilidad. Es muy fácil mostrarte cuando parece que todo está bien.

–Ha dicho que no considera que sus cuadros sean estrictamente retratos.
–Yo no me considero una gran retratista, me cuesta mucho lograr el parecido. Cuando empiezo el cuadro, se parece, pero luego se va desvaneciendo, lo pierdo. Y, sin embargo, el cuadro tiene más fuerza, cobra vida. Me importa más la esencia que la apariencia. En la pintura, la magia está precisamente en transmitir una emoción, una sensación que a veces no sabes ni de dónde viene. Que se parezca o no, no es lo que más cuenta.

–Supongo que en eso también influye el aspecto tan característicamente difuminado que tienen sus obras.
–Es que yo veo así la realidad. Yo no veo la realidad recortada, la percibo como una sopa cuántica donde estamos metidos. Igual es que soy un poco miope, no sé. Pero lo de que esté difuminado también es porque intento trabajar por capas y, en el proceso, se va creando una atmósfera. Intento pintar el aire, la atmósfera de una habitación.