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Dokoupil. La rebelión contra el conceptualismo

La Casa Encedida. Madrid. Hasta el 12 de abril de 2020
[Javier Díaz-Guardiola. ABC Cultural, 8 de febrero de 2020]

«HE PINTADO CON HUMO, CON LECHE, CON JABÓN. ¿QUÉ MATERIAL SE ME RESISTE? ¡EL ÓLEO!»

Ha trabajado con cientos de materiales para no encasillarse en un estilo. Su oposición al arte conceptual le llevó a poner el acento en la materia. Y con esa filosofía titula su entrada en La Casa Encendida, algo muy punk para un creador tan prolífico: dos salas, ocho cuadros. Cada uno con una técnica. ¿Cuál de ellos es el verdadero Jiri Doukupil (1954), que ni siquiera se considera pintor?

–Nació en la República Checa…
–No. Yo nací en Checoslovaquia. Mi padre sí que era checo; mi madre, eslovaca, por lo que puedo decir que soy buena combinación de ambas realidades.

–Se nacionaliza alemán…
–Tampoco. Pasé largas temporadas en Alemania como expatriado. Y cuando cayó el Muro de Berlín solicité el pasaporte checo. Es curioso, porque sí que es cierto que toda mi familia se nacionalizó alemana.

–En realidad, yo le quería preguntar por su vínculo con mi cultura. Habla bien español…
–Tengo un hijo que vive aquí. Yo lo hago entre Praga y Berlín, también Río y Bulgaria, pero aquí vengo mucho para estar con él. Tengo grandes amigos en España. Pero no paso largas temporadas…

–Aquí se le han dedicado importantes exposiciones. Y el primer cuadro con humo, si no me falla también ese dato, lo pintó en 1988 en Madrid.
–Eso sí que es verdad, aunque la investigación en torno a esa técnica comenzó en Canarias. Entonces yo quería convertirme en un pintor impresionista, por considerar el impresionismo como la postura más radical contra el conceptual. Fue un fracaso total, pero dio pie a que me replanteara buscar un nuevo know-how pictórico. Y por eso me planteé pintar con humo. Eso me convertía en un nuevo conceptual pero que trabajaba con pintura.

–Es posible que esos trabajos sea por los que más se le conoce. ¿Para usted son tan importantes en su trayectoria?
–He llegado a realizar hasta 150 familias de trabajos, que no series. Cada uno es importante para mí porque los concibo como sistemas matemáticos. Cuando trabajo con una técnica, es preciso que así sea para poder llegar a otra. No puedo decir que cada una mejore a la anterior, pero sí es un paso previo básico. Estoy convencido que el artista tiene que tocar la materia, ha de tener experiencia de la materia, porque solo de eso surgen nuevas ideas.

–La muestra de La Casa Encendida se llama «La rebelión contra el conceptualismo». Como ha explicado, esa fue la premisa que le llevó a ser artista. ¿Vivimos hoy aún bajo la dictadura del conceptual en arte? –Totalmente. La mayor parte de los artistas, gente cultivada, es víctima del conceptual duchampiano. Están aún obsesionados con el ready made, así como con el conceptual americano de los sesenta. ¿No lo es Andy Warhol? Para mí lo es.

–Estamos hablando de posturas de hace más de cien años…
–Si uno empieza a analizar la Historia, deberíamos no olvidarnos de los impresionistas. Para mí son los primeros conceptuales. Ellos reaccionaban contra el academicismo, pero, al hacerlo, se convirtieron en «máquinas de pintar», sin importarles la idea. En el fondo, eso es muy conceptual.

-¿Y qué receta propone?
–Cada artista ofrece una promesa moral con su trabajo. Los conceptuales buscaban presentar «la idea» que subyace a su propuesta de la forma más pura, pero con el tiempo se volvieron envoltorios repetitivos y vacíos, puro formalismo, que, al venderse al mercado, dio pie a obras de arte como mercancías. El aburrimiento, el humor, se convirtieron para mí en buenas palancas para oponerme a eso. Entonces pensé: «¿Qué ocurriría si cojo unas tablas, si pongo una tela sobre esas maderas y cubro su superficie con pintura? ¿Es eso un cuadro o una especie de performance, de instalación?». Para mí fue el nacimiento de una nueva mirada a la pintura. Era asumir el conservadurismo de la pintura desde una perspectiva muy punk. Cuando yo empecé a pintar, los pintores de mi época eran considerados tontos, naifs. ¿Por qué no partir de esa posición?

–Con Hans Haacke aprendió que cada obra requiere de su propia solución formal. Eso es lo que justifica su oposición a la idea de estilo. ¿Considera a día de hoy no tener uno?
–Antes comentabas que probablemente mis obras más conocidas son las de humo, pero en los últimos diez años me identifican con las pompas de jabón. Si sigo con ellas es porque lo considero un trabajo absurdo, el más absurdo que puedo hacer. De momento. Y de ahí surge un estilo. La tecnología que utilizas genera siempre un estilo visual, único, que no se puede ejecutar de otra manera. Hoy, soy el único en el mundo que domina la técnica de pintar con pompas. Eso no está nada mal. No está nada mal que entres en un museo de cualquier parte del mundo, veas un cuadro hecho con pompas y sepas que es mío porque no se parece a nada más.

–Lo que vemos aquí es una pieza de algunos de sus periodos. ¿Por qué estos?
–La idea es hacer un resumen muy concentrado de una trayectoria tan dilatada. Dos salas, ocho cuadros. Y cada cuadro, de una familia. Creo que funciona. Porque su apariencia es totalmente diferente pero el espíritu es muy parecido. Parece pintura convencional en todos los casos, pero no lo es, entre otras cosas, porque yo no sé pintar. Pero me adapto. Tengo ojo. Tengo ideas e intento desarrollarlas lo mejor posible.

–Podríamos pensar, que el artista sin estilo es más libre. Pero leyéndole, se concluye que «libertad» y «artista» son términos incompatibles: Llama a los artistas «cerdos materialistas». ¿Es consciente de la parte que le toca?
–A lo que me refiero es que la única liberación a la que puede optar el ser humano es a la de la materia. Conseguir flotar en el universo. Pero eso para un artista es doblemente imposible porque trabaja siempre con materiales. Incluso los más conceptuales. Hasta los minimalistas. Precisaban siempre de algo. Quizás yo soy más libre que otros porque he aprendido a no depender de un único material.

–Leche, humo, jabón, el trabajo bajo el efecto de las drogas… ¿Se le ha resistido alguna técnica o material?
–¡El óleo! Sin duda.

–¿Cómo sabe cuándo tiene que cambiar?
–Mi padre era inventor. Mi referente no era tanto Picasso como Edison. Y creo que en el arte, los grandes avances han estado siempre conectados con el surgimiento de nuevas tecnologías. Da Vinci estaba pintando como los ángeles con 18 años, pero usando la témpera. Sin embargo, sin los Van Eyck en el norte y su aportación del óleo, nunca habría pasado de un virtuoso más de la témpera. Toda tecnología da pie a una estética. La Gioconda no sería lo mismo con témpera. Lo que yo persigo es buscar nuevas tecnologías que me faciliten nuevas estéticas. Así de sencillo.