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Elena Mendizabal. Escultura

Artium. Vitoria. Hasta el 3 de mayo de 2020
[Noemí Méndez. ABC Cultural, 4 de enero de 2020]

MENDIZABAL, EL FIN ES EL PRINCIPIO

A modo de retrospectiva, se presenta en Artium la muestra Escultura, de la donostiarra Elena Mendizabal (1960). La exposición se divide en cuatro espacios en los que las décadas, de manera más o menos homogénea, van retrocediendo, hasta llegar a los orígenes de la artista en los ochenta. Es curioso cómo la parte inicial, la más cercana a nuestros días, se compone de materiales más flexibles o modulables, como el cartón, la plastilina o las tiras adhesivas de vinilo (como en otra artista de su generación y formada en la misma escuela: Arancha Goyeneche), que superponen planos y se entremezclan con otros más rígidos, colores más luminosos y, sobre todo, experimentaciones más empáticas con el espectador, ya que se alejan de la frialdad de sus inicios en los que la escuela vasca aún estaba muy presente.

La muestra, es una de las últimas programadas por el anterior director del centro, Daniel Castillejo. Estará a disposición del público seis meses, de forma que esperamos verla convivir con la programación y la nueva configuración del centro diseñada ya por la dirección de Beatriz Herráez.

EL RECORRIDO POR LA MISMA es amable, pausado, y nos permite hacernos una idea global de cada etapa de la creadora, revisitando algunas piezas; como las de los noventa de la convocatoria Visiones, que mezclan la impresión sobre la madera con el color. Otros conjuntos, como la serie «Castillos» (que ya pudimos ver en parte en la galería santanderina Espacio Alexandra) se conjugan (como entonces), con la serie «Tú»; serie que ya dejaba entrever el interés de esta artista por materiales más flexibles y transformables frente a otros más rígidos como barros, porcelanas, y que ya intervenía con colores, lo que facilitaba jugar con las texturas y la apreciación de diferentes planos en su configuración.

Si hay una pieza que resume todo esto a la perfección, un ejemplo además de intervención espacial, esa es Toda tu belleza está en ti, una enorme «cortina» de plástico pintado unida por anillas metálicas que, gracias a la luz que atraviesa la sala, esboza un juego de planos y colores en la pared que termina dialogando sin forzarlo con las piezas del inicio, realizadas estas con vinilos de colores sobre papel.

Sin duda, un montaje que nos lleva al origen, a trabajar con la memoria, obligándonos para su completa comprensión a recorrerlo también de modo cronológico y lineal hasta el presente si loque buscamos es abandonar las salas; eso sí, con una percepción de que Mendizabal está en el principio de algo aún más grande.