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Ignacio López de Liaño. Abandonar la escritura

Museo Reina Sofía. Madrid. Hasta el 18 de mayo de 2020
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 28 de diciembre de 2019]

ARCHIVAR LA POESÍA EN EL MUSEO REINA SOFÍA

No es del todo infrecuente dentro del panorama artístico, especialmente en el campo del arte experimental, la presencia de figuras seminales que, por determinadas circunstancias, no han alcanzado el (re)conocimiento público que por sus acciones y dinamizaciones deberían haber obtenido. Creo que este puede ser el caso de Ignacio Gómez de Liaño (Madrid, 1946), figura clave en los inicios de la creación experimental en España. Una injusticia histórica que, en gran parte, esta exposición puede subsanar.

El propio título de la muestra, Ignacio Gómez de Liaño. Abandonar la escritura, podría inicialmente llevarnos a cierta confusión. ¿Se trata de dejar de utilizar la palabra escrita como medio de expresión artística? En absoluto. Lo que la médula de esta propuesta intenta probar(nos) es que existen otras vías de creación literaria que no se limitan necesariamente al formato de la página o del libro y que se expanden a nuevos espacios relacionados con lo urbano, con la arquitectura, con el sonido, con el mundo de los objetos, con el azar, con la plástica, y que constituyen la región conceptual que conocemos como poesía y arte experimentales.

La muestra refleja los comienzos de esas manifestaciones artísticas desde mitad de los 60 hasta mediados de los 70, y gira alrededor de la figura de Gómez de Liaño como uno de los agentes vertebradores y agitadores más significativos de ese tiempo, tanto en su papel de conexión con el contexto internacional como en su labor de dinamizador de numerosos artistas nacionales.

Desde su experiencia
El proyecto expositivo se estructura en torno a la donación de su archivo personal que ha realizado al Museo Reina Sofía, complementada con una importante selección de obras prestadas. Un archivo que consta de numerosos y variados documentos: cartas, textos a máquina y a mano, manifiestos, anotaciones, fotografías, ediciones, objetos, obras plásticas… Con ellos se ha trazado una amplia cartografía de lo que durante esos años fue el territorio de la creación experimental en nuestro país. Hay que destacar asimismo que esta donación va a cubrir un espacio no demasiado representado en la colección del museo dentro de estos planteamientos literarios no discursivos, lo que contribuirá a establecer unas bases más sólidas en el análisis y reflejo de la desmaterialización del objeto artístico.

Esta exposición se ha articulado en torno a una serie de salas que van mostrando distintas miradas y registros. Así, el espectador es recibido por un vídeo en el que Gómez de Liaño lee tres de sus manifiestos –uno de ellos Abandonar la escritura, que da título a la muestra–, y, a partir de ahí, se despliegan distintos espacios que cubren prácticamente todas las posibilidades expositivas.

Altísima calidad
El número de autores representados es muy amplio, así como la calidad de sus trabajos. Figuras tan señaladas como Henri Chopin, Alain Arias-Misson, Spatola o Paul de Vree en el ámbito internacional, o, dentro del panorama nacional, Julio Campal, con quien colaboró en Problemática 63, Sempere, Elena Asins, Herminio Molero o Manolo Quejido, compañeros de la CPAA (Cooperativa de Producción Artística y Artesana), y también algunos miembros de trabajo del Centro de Cálculo de Madrid, entre ellos, Guillermo Searles, con quien realizó una interesantísima interpretación matemática de un cuadro del Greco (ahora producido nuevamente), o Lugán, Oroza, JoséMiguel Ullán, y tantos otros…

Quiero destacar también el excelente y cuidado montaje, que permite una visión clara, ágil y amena del proyecto. En este sentido, sobresalen a mi juicio Orografía poética, la sala de las máquinas poéticas (se percibe el aroma de Deleuze), y especialmente la máquina para componer poesía, que por unos instantes nos permite a todos sentirnos Mallarmé, y que me atrevería a calificar como una posible nueva disciplina: la poesía relacional…