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Jesús Madriñán. I Am Light

CGAC. Santiago de Compostela. Hasta el 1 de marzo de 2020
[María Peña Lombao. ABC Cultural, 4 de enero de 2020]

UN CAMINO DE SANTIAGO INÉDITO

El último trabajo de Jesús Madriñán (Santiago de Compostela, 1984), I Am light, es una serie de instantáneas dedicada a los peregrinos del Camino de Santiago: «La Movida juvenil a las puertas del Año Santo», podríamos decir.

A partir de los retratos de Madriñán, conocido como el «fotógrafo de los jóvenes», la imagen de la ruta iniciática se muestra desde otra perspectiva. En palabras del artista: «Me pareció que era una buena oportunidad para echar por tierra algunos preceptos anquilosados o excesivamente conservadores del asunto, y me pareció bonito hacer un proyecto que fuese abanderado de la tolerancia y la diversidad». Y, además de bonito, presentado a las puertas del Xacobeo 2021, en una institución pública, en una ciudad con más adeptos a la religión que al arte contemporáneo.

Las imágenes se acompañan de fragmentos rescatados del camino, piedras, papeles o conchas escritas, poemas anónimos como el que sigue: «He regresado más fuerte / y mejor de lo que nunca he sido. / Recé pidiendo perdón / para ti y para mí / por dejar que me invadieran las dudas /…». Vestigios de un proceso espiritual único que han terminado en una pared blanca, entre una y otra fotografía de gran formato. Jesús Madriñán consigue una de las tareas más difíciles para un fotógrafo hoy: Si bien, por un lado, ya había logrado que sus retratos fuesen reconocidos a distancia sin necesidad de leer cartela alguna (bien), hoy también alcanza que en sus imágenes hablen los retratados (muy bien). Madriñán es un encantador de serpientes.

PARECE INCREÍBLE cómo este artista de belleza clásica, vestimenta de señor bien entrado en años, gesto amable, mirada franca y estupenda oralidad, franqueza y coherencia con su obra, es aplaudido por los públicos más variados. Si él no fuera él, la exposición no estaría donde está. Con esto quiero decir que el tema que viene caracterizando a Madriñán desde sus inicios en el mundo del arte, ya es (siempre lo fue, vaya) directo, contundente: la sexualidad en su faceta inminente. Las obras de Madriñán van a reventar.

En un bodegón, en un retrato, su pulcritud a la hora de plasmar imágenes sensuales es fascinante; simpática si la relacionamos con su angelical y ordenada apariencia. Aunque no quiera (que lo dudo), la libido baila como un espíritu alrededor de cada detalle. Desde una mochila del Decathlon hasta un piolet. Madriñán es el fotógrafo de la última hora de la discoteca, aún en medio de la Naturaleza y en pleno día.