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Joan Rabascall. Tout va bien

Tabacalera. Marid. Hasta el 8 de abril de 2020
[Carlos Delgado-Mayordomo. ABC Cultural, 8 de febrero de 2020]

EL NAUFRAGIO DE LAS IMÁGENES DE RABASCALL

En 1993, Joan Rabascall (Barcelona, 1935) ideó un Monumento a la televisión para la exposición que celebró en el Palau de la Virreina de Barcelona: una pirámide truncada en cuya cúspide instaló monitores que, como nuevos becerros de oro, difundían su mitología hacia los cuatro puntos cardinales. Su actual muestra retrospectiva en Tabacalera nos recibe con una nueva versión de esta pieza: la pirámide ha sido sustituida por una montaña de bolsas de basura, y las pantallas, esparcidas como escombros, emiten todo tipo de banalidades. Este Monumento a la televisión después de la catástrofe remite a un nuevo contexto donde la insurrección digital nos ha confirmado que la información es algo inabarcable, incontrolable e infinito. La vieja televisión, sobre la que Rabascall diseñó buena parte de su aportación crítica, ha sucumbido al advenimiento de una nueva forma de conexión con la realidad que pasa por la multiplicación exponencial de datos y pantallas. Pero, aunque el objeto de análisis se ha transformado, las cuestiones planteadas por este autor siguen muy vigentes, principalmente su análisis de las estrategias de difusión de los aparatos ideológicos y represivos en nuestra sociedad.

Poner en cuestión
A principios de los años sesenta se renueva con fuerza el poder de la información, favorecido por la proliferación de radios, revistas, periódicos y, sobre todo, por el auge de la de televisión. Esta última constituye el mass-media por excelencia gracias a su facilidad para la retransmisión inmediata de imágenes. Es en este contexto en el que el Rabascall, instalado en París desde 1962, comienza a poner en cuestión las convicciones transmitidas por el imaginario mediático. Así, la imagen encontrada, descontextualizada y manipulada es el germen de sus collages, donde aplica un proceder que bebe tanto de las vanguardias de entreguerras como del concepto de détournement («desviación») defendido por los situacionistas franceses. Pero la mirada crítica de Rabascall también va a apuntar a la cultura tradicional, en concreto a ese arte ideológicamente domesticado y seducido por lo kitsch sobre el cual ironiza en la serie «Lección de pintura».

Aun desde París, Rabascall nunca dejó de atender a la evolución de la sociedad española. En Spain is different (1973-77) se centró en las contradicciones de aquel tardofranquismo que, por un lado, activaba nuevas políticas económicas y turísticas y, por otro, mantenía la censura y la omnipresencia del dictador en los medios. Esta manera de incomodar el consenso es especialmente explícita en Costa Brava 30 años, donde combina imágenes de ese «paraíso del ocio» tomadas en los años ochenta con otras de 2012. El blanco y negro de las primeras y el color de las segundas simbolizan dos contextos sociales y políticos distintos, pero hermanados a través de la improvisación urbanística y la destrucción del litoral costero. Y es que, para Rabascall, el archivo solo tiene sentido si se configura como espacio para cuestionar las certezas. Así opera en su última serie, la divertida e iconoclasta Meta Postal (2017- 2018): composiciones elaboradas por medio de tarjetas postales, que han dejado de ser imágenes dominantes desde que han quedado fuera del nuevo orden digital. Pero es precisamente en esta obsolescencia donde Rabascall encuentra su potencial subversivo y su operatividad para narrar historias que enturbian el flujo continuo, intangible e inconmensurable de las pantallas.