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Laramascoto. 10011 Arqueología futura

Museo ABC. Madrid. Hasta el 1 de marzo de 2020
[Carlos Delgado Mayordomo. ABC Cultural, 4 de enero de 2020]

EL FUTURO ARCAICO DE LARAMASCOTO

El nacimiento del sujeto moderno en Occidente implicó una transformación de la experiencia temporal: los ritmos de producción de la mercancía, ligados al progreso y a la aceleración tecnológica, impusieron un tiempo homogéneo, monocromo y lineal. Al margen quedaron los tiempos plurales –subjetivos, locales e individuales– propios de lo humano, imposibles de encajar dentro del nuevo imperialismo cronológico. La exposición 10011 Arqueología Futura se plantea como la invención de un espacio de temporalidades múltiples y superpuestas, donde el remoto pasado y el remoto futuro se confunden entre sí.

Santi Lara (Tomelloso, 1975) y Bea Coto (Gijón, 1977), integrantes desde 2007 del colectivo artístico Laramascoto, han diseñado un mundo de lapsos indefinidos que fracturan la ilusión del tiempo único; ello acontece, además, en un paisaje que no remite a ninguna ubicación que conozcamos: estamos ante un escenario post-humano, tal vez pre-humano, o posiblemente ante un territorio ajeno a nuestro desarrollo como civilización. Este universo se localiza en la primera planta del Museo ABC, y enumera un nuevo capítulo del programa Conexiones, que cuenta con el apoyo de la Fundación Banco Santander. El comisario Óscar Alonso Molina invita en cada edición a un artista –vinculado a la investigación en torno al dibujo– para que desarrolle una propuesta expositiva inédita que, además, dialogue con obras procedentes de ambas instituciones. En esta ocasión, Laramascoto ha seleccionado Canción del Norte desde el centro (1930), de Enrique Climent, entre las piezas de la colección ABC, y dos gouaches de Pablo Palazuelo, fechados en los años sesenta, de la colección del Santander.

Diálogo eficaz
La exigencia de este punto de partida se convierte, ahora, en un diálogo eficaz y productivo: en la obra de Climet, Laramascoto observa y reinterpreta una tensión astral entre lo dinámico y lo estático; de los gouaches de Palazuelo, extrae una geoque metría suavizada por curvas y que será aplicada en la iconografía mineral que jalona la muestra. Dentro de la narrativa del proyecto, la incorporación de piezas históricas contribuye a reforzar la buscada atomización espacio-temporal. Pero el vínculo más importante con ambas obras se encuentra en la propia dinámica del dibujo: para Laramascoto, como para Climent y Palazuelo, dibujar no es un problema basado en hacer presente lo real, sino en transformar la realidad desde lo imaginario. Esta convergencia resulta reveladora en la espléndida serie Geomórficas, realizada con tinta de plata sobre papel negro, y donde Laramascoto edifica ecosistemas desdibujan las jerarquías entre lo tecnológico, lo cultural y lo natural.

El conjuro preciso
Son numerosos los relatos de ciencia-ficción que especulan sobre rebeliones de las máquinas contra un sujeto desvalido. También los que nos hablan de la liberación del hombre de sus cadenas biológicas y su integración con la máquina. Pero Lamascoto ha excluido la figura humana, recurrente en sus proyectos anteriores, para centrarse en la orografía de un universo deshabitado y mutante, con formas geológicas que integran pantallas de luz y sustancias acuosas repletas de energía.

En el mural que abre la exposición encontramos un juego híbrido, perfectamente engranado, entre la fijeza del dibujo y el movimiento del vídeo.

La imagen resultante parece representar una tecnología inexplicable, o tal vez los efectos de un conjuro sobrenatural; ambas hipótesis son operativas y dan sentido a la tercera ley de Arthur C. Clarke sobre el progreso científico, que señala que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

En su serie de vídeos Imago (2009), la artista Marina Núñez disponía cabezas post-humanas, vidriadas y llenas de protuberancias, que giraban constantemente sobre un fondo negro. En Un buen comienzo, Laramascoto aplica una formalización similar, pero el ciborg ha sido sustituido por una estructura rocosa de interior luminoso y palpitante. La única huella de una posible acción humana la encontramos en las vitrinas: restos fósiles de pizarra que tienen grabada una iconografía, no necesariamente «primitiva», y que un sujeto con conciencia debería haber elaborado. Se trata, como señala el título de la exposición, de los hallazgos de una «arqueología futura» que abren la posibilidad de repensar nuestro presente más allá del marco evolutivo impuesto por los relatos históricos.