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My Cartography. The Erling Kagge Collection

Sala de Arte Banco de Santander. Boadilla del Monte (Madrid). Hasta el 4 de septiembre de 2020
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 29 de febrero de 2020

IMÁGENES PARA UN CIERTO SILENCIO

«El silencio conlleva el hecho de maravillarse, pero también le es inherente una suerte de poderío, es como un mar, sí, como una gran extensión nevada. Y quien no se maravilla ante ese poderío es porque le tiene miedo. Seguramente sea esa la razón por la que muchas personas temen el silencio». Quien así habla podría ser un filósofo o un poeta. Y lo es. Pero también se trata de un personaje aún más poliédrico: explorador, abogado, editor, aventurero, escritor, viajero de la vida y de esa otra vida de la que es un reflejo el arte. Y, por si fuera poco, coleccionista. Erling Kagge.

El arte y el Everest
La Fundación Banco Santander presenta la exposición My Cartography. The Erling Kagge Collection. Si convenimos en que una colección de arte debe suponer un reflejo de la personalidad de su hacedor, en este caso esa presunción resulta del todo cierta. Como dice Bice Curiger, comisaria del proyecto, es «una colección con un camino propio, el de la condición de explorador de Kagge y la voluntad de conocerse a sí mismo a través del coleccionismo». Por su parte, el propio Kagge nos confiesa que «caminar a solas hasta el Polo Sur, coronar el Everest y coleccionar arte contemporáneo tienen cosas en común». Opiniones, sin duda, realmente originales con las que ha acabado por dibujar una personal cartografía vital, emocional y apasionada que, de nuevo, como en un bucle nada forzado, nos remite a su faceta de explorador. Cartografías para el viaje y para el arte.

El conjunto de obras de este singular coleccionista alcanza las 800 piezas, de las que aquí se muestran un total de 188, correspondientes a diferentes lenguajes artísticos, entre ellos, fotografía, pintura, escultura y vídeo que pertenecen a 51 artistas, tratándose de la primera vez que se exponen en nuestro país. Entre los artistas representados se encuentran algunos nombres referenciales dentro del panorama del arte contemporáneo, como es el caso de Olafur Eliasson, a quien Kagge empezó a coleccionar ya hace muchos años, Wolfgang Tillmanns, Raymond Pettibon o Franz West, por citar algunos.

La gran variedad de medios, formatos y soportes que atesora la colección hace ciertamente difícil el poder establecer líneas de tangencia y de comunicación entre ellas, así como un hilo conductor que las vincule y les confiera cualquier tipo de unidad. Pero si tuviéramos que establecer algunos nexos comunes quizás estos deberían ser la propia singularidad de sus fondos, la libertad de espíritu que se percibe en su construcción, y un claro y flotante sentido del humor que surge y resurge al contemplarlos y que se adhiere a cada una de las obras como un pegamento de feliz pasmo ante la vida y de irónica curiosidad.

Tal vez ese mismo haber se convierte en ocasiones también en su debe, al observarse en algunas salas una cierta desconexión entre tantas y tan distintas obras, lo que dificulta la esencia armonizadora y estructural de la labor de comisariado. Pero se trata de pequeños fallos que quedan compensados por el chorro de aire fresco (casi polar…) que nos invade al contemplar este singular repertorio artístico, hijo a partes iguales de la curiosidad, la fascinación y el respeto por un mundo que nos rodea y nos susurra, con un silencio que no todos saben escuchar…