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Pavimento infinito. Rosana Antolí, Isabel de Naverán y Julia Spínola

Centro Federico García Lorca. Granada. Hasta el 12 de abril de 2020
[Juan Francisco Rueda. ABC Cultural, 25 de enero de 2020]

LORCA, INFINITO Y EN CIRCULACIÓN

La llegada en 2018 del legado de Lorca al centro que lleva su nombre en Granada para ocupar la cámara acorazada venía a dar sentido definitivo a este equipamiento. La cámara, como metafórico corazón de la institución y del edificio, ha empezado a «bombear», de modo que fotos, dibujos o manuscritos lorquianos «circulan» por el centro en sus exposiciones y son puestos en diálogo con artistas actuales. No es gratuita la idea de «circulación» respecto a la muestra Pavimento infinito. Mapa. Sala. Arpa. Alba; la imagen del torrente sanguíneo traslada la idea de movimiento, la del propio legado, así como la contenida en las propuestas de Rosana Antolí, Isabel de Naverán y Julia Spínola. Ellas, desde presupuestos distintos, dialogan con Lorca proyectándolo palpitante. Por fortuna, no «ilustran», lo cual sería demasiado elemental, sino que trasladan a sus poéticas, a modo de eco, el sentido y universo del granadino, al tiempo que, en un doble movimiento, ellas se acercan a él.

EL ENCUENTRO SE SALDA CON ÉXITO, ya que la selección de las artistas resulta incuestionable para con el objeto de la muestra, gracias a la performatividad, el acontecer en la experimentación de sus obras y el registro de las acciones, sumiéndonos en una atmósfera de recogimiento e incluso fascinación. Ocurre, por ejemplo, con la sucesión de micro-historias encadenadas que propone De Naverán en torno a Lorca y «La Argentina» para, desde ella, diversificar, en un juego de dobles, sombras, máscaras y reflejos, los afectos o la danza de Vicente Escudero, Kazuo Ohno y la danzaora Rocío Molina. Antolí, por su parte, traduce plásticamente sus performances, generando un vínculo entre acto o movimiento e imagen, con un resultado profundamente lírico que, casualmente, establece lazos con la pintura surrealista a la que atendió Lorca.

La cita advierte no sólo la potencia visual de la poesía de Lorca, especialmente en las piezas de Spínola; también traslada las dimensiones espacial y cinética que atesora su obra, como ejemplifica el verso escogido como título y los que actúan a modo de detonante de la reflexión para cada artista. Escenarios, espacios, lugares, caminar, perderse, recorrer, dejar correr o fluir nos trasladan una innegable sensación de concurso de nuestro cuerpo para relacionarnos y conocer, así como el movimiento de los elementos. Esta se cumple escrupulosamente tanto en las propuestas de las creadoras como en la ocupación del edificio, ya que, además de en el espacio expositivo, otras dependencias son ocupadas con obras, en una suerte de «sistema circulatorio».